“Te quiero. Pero no conmigo. No te voy a negar que aceleras mi corazón cada vez que te veo. Pero no necesito tormentas en mi vida. Quiero calma. Paz. Sabiduría. Y tú no cumples con la normativa resplandecida. Te quiero. No cabe duda de eso. No se cuando, como, donde ni porque. Pero te quiero. Y mucho. Sin embargo, no es suficiente. No basta con querer. No tengo ni idea de lo que va a pasar mañana. Pero hoy, no estamos juntos. Seguimos buscándonos entre miradas vacías. Encontrándonos con pupilas dilatadas. A excusas no nos gana nadie si de vernos se trata. Aunque sea a distancia. Tú allí. Yo aquí. En un mismo lugar. Pero separados. Celarnos no es lo nuestro. Nos queremos. Pero no estamos listos para demostrarlo. No nos arriesgamos por miedo hacernos daño. Y no nos damos cuenta que nos hacemos daño por no arriesgarnos. Nos hemos quedado justo en mitad de la puerta. Nadie entra ni sale de nuestros corazones. Nos queremos. Pero de forma letal. Porque estoy segura que querernos, como nos queremos, no es lindo de ninguna forma. Nunca entendí a aquellas personas que teniendo la oportunidad de estar juntos, no lo estaban. Entonces te conocí. Me dí cuenta que a veces, querer no es suficiente. Que queremos amar y ser amados. Sin embargo, no amamos, ni nos dejamos amar. Así de masoquistas somos, no crees? No te deseo el mal, es más, me he acostumbrado a no echarte de menos. A verte de vez en cuando cada mucho tiempo. A mirarnos sin tocarnos. Ha comunicarnos sin hablarnos. A querernos sin amarnos. Me he acostumbrado a estar contigo pero sin ti.”— L.D.L.


